lunes, octubre 12, 2015

Nada que celebrar

12 de octubre - Nada que celebrar

Mucha gente me pregunta por qué voy a trabajar el 12 de octubre, un día considerado como día feriado por casi todos los Estados de América.  Mi respuesta es simple.  No me presto a celebrar una efeméride oficial que celebra la invasión, el genocidio, el robo y la esclavitud, entre otras muchas cosas.

Se nos ha vendido la idea, a través del aparato educativo y estatal, de que el Sr. Colón, junto a su séquito, nos trajo la civilización y el progreso, pero esto hay que analizarlo muy finamente.  Ya éramos pueblos civilizados, no al estilo europeo, pero a nuestro estilo autóctono. Mayas, Incas, Aztecas, Caribes, Taínos... eran pueblos con sistemas des valores y modos de vida propios.


No nos descubrieron, nos invadieron, para usar una terminología más sincera.  Se nos impuso toda una cultura en detrimento, abierto y aberrante, de nuestras propias expresión cultural.  No fuimos vistos como humanos ni siquiera alma/espíritu se nos nos atribuía.   Fuimos esclavizados, nuestras mujeres violadas y vendidos como mercancía. Se nos dijo que todo esto debíamos aceptarlo como voluntad de un dios bondadoso, pero los medios y formas de transmitir a ese dios estaban muy lejos de la bondad y solo reflejaban la usurpación de nuestros recursos.

En muchos de nuestros países se cambió el nombre a esta celebración, así se pasó del Día de Colón al Día de la Raza y ahora se habla del Día del Encuentro de Culturas o Día de las Culturas.  Creo que esto es simplemente un maquillaje para no abordar el tema con toda la seriedad que amerita.

Creo que la historia debemos conocerla para poder dar mejor sentido a nuestras prácticas cotidianas y para transformarla.  Sí, hay espacio para la reconciliación, para la apreciación, para el respeto.  Esto debería comenzar con un reconocimiento honesto de las atrocidades cometidas.  Sí podemos celebrar el Día de las Culturas, pero no tiene que ser en esta fecha cargada de una memoria de tristes acontecimientos y abusos.  Además, tal celebración tendría que ser expresión de nuestra multiversidad cultural, incluido junto a nuestras culturas autóctona lo mejor que nos quedó de la cultura europea, africana y asiática.

Esto es solo un pensamiento a viva voz.  Ojalá que sea escuchado por nuestros historiadores e historiadoras.



miércoles, diciembre 24, 2014

La escuela como comunidad aprendiente


La escuela como comunidad aprendiente

¿… será que el sistema escolar es la manifestación de actitudes vitales generalizadas en la sociedad?  ¿Será que está tan difundido porque son muchos los adultos que pertenecen al tipo humano que no confía y que está desconectado de sí mismo y de la vida, razón por la cual quieren controlar las situaciones, se adelantan al plan de desarrollo o bien lo evaden con el argumento de ‘preparar a los niños para el futuro’, siguen programas de formación cultural que no se corresponden con los procesos biológicos y que, por lo general, van siempre adelantados en varios años?
Wild 



Introducción

     Muchas personas que trabajamos en el “mundo” escolar vivimos la tensión permanente de cómo hacer del mismo un espacio verdaderamente educativo, que más que instruir-adoctrinar se dedique a mediar el aprendizaje que cada niña y niño, así como el que cada docente pueda experimentar en este espacio-tiempo que llamamos escuela.  Sabemos que la tarea nos es fácil y que con ella vienen dados unos compromisos éticos, políticos y estéticos, solo por mencionar algunos, a los que es preciso abrazar si es que buscamos acompañarnos mutuamente en la jornada emocionante y emocionada de aprender-enseñar.

     Pero, ¿cómo puede encarnarse nuestro compromiso de mediación pedagógica para hacer de la escuela una comunidad aprendiente?

     En este ensayo –chifladura florecida –, pretendo ofrecer un intento de respuesta a dicha cuestión, siempre desde mi propia experiencia educativa y de vida – mi propia subjetividad –, camino que he recorrido y recorro acompañado de mujeres y hombres, niños y niñas que han alimentado mi curiosidad e incertidumbres.


Ese espacio-tiempo llamado escuela

La escuela deja de ser un lugar donde se aprende para convertirse en un lugar donde se evalúa  Tardiff
    
     La escuela, entendida como el espacio donde tiene lugar la educación formal, en gran medida tiende a adolecer de creatividad, se caracteriza por la normatividad y muy raras veces se abre a las emergencias que trae consigo la vida misma (Calvo Muñoz, 2013).   En tal sentido, la escuela, como espacio-tiempo de formación, ha servido para acallar la autonomía y, a partir de procesos dicotómicos y mecanicistas, no facilita la práctica de los valores que, muchas veces, busca promover.  Hoy en día, por ejemplo, nuestras escuelas están avocadas a la promoción de la excelencia académica, dejan de lado la cooperación y solidaridad; y en nombre de la democracia, patrocinan una estructura vertical donde la diferencia es condenada, el ocio no tiene sentido y la persona es limitada a su rol de docente o estudiante, sin que esto genere mayores vínculos de humanidad.

    La situación aquí descrita hace que la vida escolar, lejos de facilitar el aprendizaje, genere ansiedades y bloqueos que inhiben el interés de aprender (Marina, 2010), pues, las experiencias espontáneas y sus riquezas son percibidas como sin valor, y se tratan como disrupciones, pérdidas de tiempo, para el desarrollo educativo de niños y niñas.  Esta visión de la escuela no necesariamente toma en cuenta el proceso vital de quiene pretende servir.  Esto puede ilustrarse como bien sintetiza Wild (2007) cuando afirma:

“En la escuela regular, estas (las) experiencias ricas que se desarrollan en situaciones siempre nuevas que nunca son idénticas, sino que están repletas de variables, se sustituyen por reglas, fórmulas y conocimientos que no han sido formulados por el niño, sino por alguna ‘autoridad en la materia’.  Se cree que es el deber del adulto transmitir al alumno contenidos y métodos para solucionar muchos problemas, los cuales, en realidad, no fueron planteados por los propios niños, sino por otras personas.  La justificación más común para este procedimiento es que el niño nunca podrá descubrir, por su propia experimentación, todo lo que la humanidad ha acumulado en miles de años en cuanto a conocimientos y sabiduría.  Pero lo que se nos escapa al usar este argumento es el hecho de que cualquier contenido, aunque se lo presente de la forma más simple, ha de adaptarse necesariamente a las estructuras de pensamiento del organismo en desarrollo”. p. 188-189

     Los procesos escolares, en gran medida, se han distanciado de los mismos procesos vitales y a pesar del conocimiento que hoy tenemos de la neurociencias, por ejemplo, nos hace falta incorporar y promover experiencias placenteras que nos ayuden a conocer con todo lo que ello implica (Assmann, 2002), es decir, con toda la amplitud de la “percepción, emoción y acción: todo el proceso vital” (Capra, 1998).  Es aquí donde la escuela ha de abrirse a su carácter educativo, abandonando su tan marcado objetivo de producir resultados altos en pruebas estandarizadas.


El desafío de educar la escuela

     Si aceptamos que el proceso educativo va más allá del espacio-tiempo escolar, entonces vale la pena pensar que nuestros múltiples aprendizajes se han visto mediados por experiencias espontáneas, lúdicas y curiosas que nos han permitido conocer con todo lo que somos. 

     En general, el espacio-tiempo escolar responde a lo que bien podríamos denominar la sociedad de la segmentación (Rinaldi, 2011), en donde todo está dividido, categorizado, diferenciado y en donde no necesariamente se reconocen ni promueven los vínculos existentes de las múltiples “realidades” que habitamos.  Así, en la escuela, nos olvidamos que la educación es “un devenir complejo” (Calvo Muñoz, 2013), que debe estar fundamentada en la pedagogía de la vida misma.  Es decir, una pedagogía de la escucha, la apertura, la transformación; una pedagogía que desde lo relacional valora la diversidad, la creatividad, la emergencia, la autoorganización. Una nueva pedagogía que re-conoce y valora la cognición como proceso “creativo, contextual, enactuado, productivo, estratégico, evolutivo” (Prado, 2006).   Una pedagogía que fomenta la apertura a diversos “campos de sentido” a partir de “ecologías cognitivas” que favorezcan las experiencias de aprendizaje (Assmann, 2002).   Pedagogía que adquiere un nuevo significado en su labor epistemológica y axiológica, y que en sí misma puede ser concebida como biopedagogía.

     Es a partir de esta nueva visión y quehacer pedagógico que la escuela puede ser educada.  Para que esto tenga lugar, debemos ser conscientes de que no hay diferencias entre los procesos cognitivos y vitales (Assmann, 2002); que todo lo que nos ocurre está siendo, no como algo pre-establecido sino como proceso que fluye, que se re-crea desde su propia complejidad y emergencia.

     Educar la escuela entonces significa re-crear un espacio-tiempo que favorezca el proceso de aprendizaje.  La escuela ha de ser un ambiente estimulante para “la creación de relaciones posibles” (Calvo Muñoz, 2013); o a decir de Rinaldi (2011) “una lugar… donde saber e identidad se co-construyen y donde los procesos de aprendizaje se analizan siempre en relación con los otros” y otras.

     La escuela así concebida promueve unas relaciones en donde la incertidumbre es bienvenida, la multi-disciplinariedad y trans-disciplinariedad son parte importante de la praxis escolar, y en las relaciones docentes-estudiantes tiene lugar el vínculo de quienes aprenden en colectividad enriqueciendo su propia subjetividad.  Además, en este contexto, el tiempo en el espacio escolar adquiere su verdadero sentido de ser kairós, tiempo vivo (Assmann, 2002), que permite la flexibilidad y borrosidad tan necesaria para poder aprender.

     El rol docente en esta escuela educada es de mediación.  No sabemos todo, pero estamos dispuestos – estudiantes y docentes – a acompañarnos mutuamente en aprender, en dar significado, en dar espacio y lugar al asombro.  Aquí la reflexión sobre lo que se hace – praxis pedagógica – es parte esencial del crecimiento personal y colectivo.  En ella se refinan los compromisos éticos, políticos y estéticos impregnados en el proyecto educativo; y es que la escuela como proyecto pedagógico no es neutral, ya que nuestras acciones tampoco lo son y desde ellas vamos construyendo un mundo matizado por nuestras opciones de vida.

     El desafío, entonces, de educar la escuela es constante.  No está reducido a reformas externas, sino que integra a la misma comunidad donde está inserto el espacio escolar y en tal sentido, es una tarea social que busca abrir caminos a nuevas ciudadanías, nuevas formas de ser personas en armonía con la naturaleza y con nosotros y nosotras mismas.   De aquí a que la escuela pase de ser ‘parqueadero’ de niños, niñas y adultos a convertirse en una auténtica comunidad aprendiente.

Transformando la escuela en comunidad aprendiente

“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.
Galeano

     La vida nos a enseñado a ser seres aprendientes.  Todos y todas estamos dotados de la capacidad de aprender, de curiosear, de buscar el sentido de cuanto nos envuelve.  Lamentablemente, la educación formal en su espacio más concreto – la escuela – muchas veces se pasa por alto las características básicas del propio proceso de aprendizaje.  Dicho proceso, como bien sintetiza Prado (2006), es “placentero y holístico, multidimensional y multisensorial; es significativo…, autoorganizado y energético…, se efectúa en la convivencia y la coordinación de conductas consensuales”.   En tal sentido, para que la escuela pueda constituirse en comunidad aprendiente es necesario que su articulación tome en cuenta la vida misma a partir de una opción pedagógica que potencie las oportunidades de aprender para todos y todas.  Algunos de los elementos a tener muy presente en ésta articulación pueden ser resumidos de la manera siguiente:

     La reflexión pedagógica, aquella que hace posible el propio aprendizaje. Las y los docentes somos seres en proceso, emocionados y finitos.  Estar consciente de este hecho nos ayuda a salir al encuentro de otros y otras, a descubrir relaciones que profundizan nuestra experiencia de vida.  Reflexionar sobre la propia praxis pedagógica re-dimensiona todo lo que somos y hacemos; crea el ambiente propicio para que se dé el aprendizaje auténtico que nos hace crecer como educadores y educadoras.  En palabras de Freire (2004):

El aprendizaje del educador, al enseñar, no se da necesariamente a través de la rectificación de los errores que comete el aprendiz. El aprendizaje del educador al educar se verifica en la medida en que el educador humilde y abierto se encuentre permanentemente disponible para repensar lo pensado, revisar sus posiciones; en que busca involucrarse con la curiosidad del alumno y los diferentes caminos y senderos que ella lo hace recorrer. Algunos de esos caminos y algunos de esos senderos que a veces recorre la curiosidad casi virgen de los alumnos están cargados de sugerencias, de preguntas que el educador nunca había percibido antes. Pero ahora, al enseñar, no como un burócrata de la mente sino reconstruyendo los caminos de su curiosidad — razón por la que su cuerpo consciente, sensible, emocionado, se abre a las adivinaciones de los alumnos, a su ingenuidad y a su criticidad— el educador que actúe así tiene un momento rico de su aprender en el acto de enseñar. El educador aprende primero a enseñar, pero también aprende a enseñar al enseñar algo que es reaprendido por estar siendo enseñado. p. 28-29
     La relación docentes – estudiantes vivida como auténtica relación humana en la que se reconoce la necesidad de apertura a la otra persona y a su propio proceso de aprendizaje, en la que los límites reafirman la propia identidad, siempre en proceso de cambio, pues, cada relación crea espacio para que esa identidad se transforme, y en donde la hospitalidad para aceptar las ideas y procesos emanados del descubrir, con sus dificultades y sus oportunidades, sus retos y bellezas, se constituye un ambiente propicio para el respeto y acompañamiento mutuo (Palmer, 1993).  Una relación que busca libertad y que entiende la práctica pedagógica como “la atención infinita del otro” (Readings, 1996).

     En la comunidad aprendiente la planificación y la evaluación surgen como elementos de apoyo que se adecuan y re-organizan para servir a quienes aprenden.  No son procesos técnicos estáticos ajenos a la realidad de las y los actores del proceso enseñanza-aprendizaje ni tampoco son fin en sí mismas.  En tal sentido, tanto la planificación como la evaluación son entendidas como estrategias creativas e innovadoras para asegurar que la comunidad aprende y que lo hace bien (Calvo Muñoz, 2013).

     Para que la escuela sea comunidad aprendiente tiene que abrirse a las experiencias de la vida misma de la comunidad-localidad a la que pertenece, sin que esto limite sus vínculos con referencias mayores (provincia, región, país, planeta, universo…).  Es decir, tiene que promover un sentido de pertenencia que cree relaciones más allá de sus propias fronteras institucionales.  Así, por ejemplo, el coordinar una tarde de juego con miembros de la comunidad no solo significa un espacio-tiempo de ocio, sino que contiene todo un mundo de cosas por descubrir y en el que se puede hacer posible la construcción de saberes.  Además, aquí bien puede bien re-dimensionarse nuestra relación con la naturaleza, potenciando la visión de la tierra como nuestra “casa-patria grande” a la que hay que respetar y cuidar.

     Finalmente, la escuela como comunidad aprendiente propicia la investigación que busca “conocer para transformar y transformar para conocer’’ con un marcado sentido de servicio que reconoce “la humanidad de la humanidad” con toda su complejidad.  En tal sentido, busca y fomenta una manera de conocer que se reconoce situada, que surge de un proceso colectivo y que no es ajena a su propio devenir histórico. 











Referencias

Assmann, H. (2002). Placer y ternura en la educación. Hacia una sociedad aprendiente. (A. Villalba, Trans.) Madrid, España: Narcea, S. A. de Ediciones.

Calvo Muñoz, C. (2013). Del mapa escolar al territorio educativo: Disoñando la escuela desde la educación (5ta. Edcición ed.). La Serena, Chile: Editorial Universidad de La Serena.

Capra, F. (1998). La trama de la vida. Una nueva perspectiva de los sistemas vivos. (D. Sempau, Trans.) Barcelona, España: Editorial Anagrama, S. A.

Freire, P. (2004). Cartas a quine pretende enseñar. (S. Mastrangelo, Trans.) Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI Editores.

Gatto, J. T. (2009). Weapons of mass instruction: A schoolteachers' journey through the dark world of compulsory schooling. Gabriola Island, Canada: New Society Publishers.

Marina, J. A. (2010). La educación del talento (1ra. Edición ed.). Barcelona, España: Ed. Planeta, S.A.

Palmer, P. J. (1993). To know as we are known. Education as a spiritual journey. New York, NY, USA: HarperCollins.

Prado, C. (2006). Biopedagogía. In P. A. Guadas (Ed.), V Encuentro Internacional Sendas de Freire. Aprensiones, resistencias y emancipaciones en un nuevo paradigma de vida (pp. 169-211). Xávita: Instituto Paulo Freire de España.

Readings, B. (1996). The university of ruins. Cambridge, Massachusetts, USA: Havard University Press.

Rinaldi, C. (2011). En diálogo con Reggio Emilia: escucharm investigar, aprender. Lima, Perú: Grupo Editorial Norma S.A.C.

Wild, R. (2007). Aprender a vivir con niños: ser para educar. Barcelona, España: Ed. Herder.

jueves, mayo 08, 2014

Vida: otras ideas



“La vida es eso que nos pasa mientras estamos ocupados haciendo planes”
John Lennon

El acercamiento que la humanidad, como especie, ha tenido a la vida ha experimentado cambios sustantivos en la manera en que ésta mira, interactúa e interpreta la vida misma.  Así, desde modos de ver que anhelaban la integridad (pensar, por ejemplo, en todo el bagaje de cultural de las antiguas civilizaciones), la humanidad inició un camino de conocimiento que se fue alejando de su cosmo-visión integral para pasar a maneras mecanicistas, reduccionistas y fragmentadas de mirar e interpretar la vida.   En cierto sentido, es como si la especie humana hubiese olvidado su propio proceso de vínculo y homeostasis, y hubiese perdido la capacidad de encantarse debido a los estrechos marcos de referencias (Swimme, 1998) que desde la ‘ciencias’ se han establecidos y asumidos.

La vida concebida desde la fragmentación, aliena, obstruye; dificulta que el pensamiento pueda expresarse en sentimientos, gestos de ternura, cercanía, diversidad, transición.  En fin, no permite ver su totalidad y al no hacerlo promueve interpretaciones sesgadas, bautizadas de términos ‘atractivos’ y muchas veces disfrazados que diluyen la experiencia vital misma.

Sin embargo, desde una mirada más inclusiva y holística, la vida es experimentada como flujo, con capacidad de cambio (Capra, 1992) y esto, para recuperar al viejo Heráclito, siendo su característica principal.  Esta manera de ver está asociada a una ética de saberse parte, no superior ni inferior; de encontrarse en camino, en compañía y en constante descubrimiento.  La vida así asumida va más allá del propio ego, asume una opción político-histórica en dónde la vocación misma de la humanidad es ser agente de transformación (Freire, 2004), amor que crea y recrea (Swimme, 1998).
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Capra, F. (1992). El punto crucial: ciencia, sociedad y cultura naciente. Buenos Aires (Argentina): Troquel, S. A. (Trabajo original publicado en 1982).

Freire, P. (2004). Pedagogy of Indignation. London: Paradigm Publisher.

Swimme, B. (1998).  El universo es un dragón verde.  Un relato cósmico de la creación     (2da. Edición). Santiago (Chile): Sello Azul / Cuatro Vientos.

domingo, abril 13, 2014

VIDA: Desafíos, descubrimientos y transformación


             Re-pensar la existencia desde la propia realidad no siempre resulta ser un proceso de claridad ni mucho menos ajeno a la vida de los otros y otras con quienes compartimos nuestro caminar particular.  Lejos de esto, nuestra experiencia vital y todo lo que ella implica, se ve permeada y en constante relación con todo lo que nos rodea y, de manera muy particular, está muy vinculada a la experiencia de vida de las personas con quienes compartimos la cotidianeidad.  Es en éste contexto en el que se precisa afrontar los retos y oportunidades vitales, estos como momentos de descubrimiento en donde se puede concretar una transformación hacia la propia integridad.  ¿Pero cuáles podrían ser algunos de los pasos necesarios en este proceso  de profundidades y crecimiento?  ¿A qué se podría prestar atención para no perderse en intentos fragmentados y aislados que limiten nuestra experiencia de vida?  ¿Cómo podríamos re-tomar el curso de nuestras acciones hacia prácticas más respetuosas y coherentes que promuevan un auténtico desarrollo y calidad de vida?  Estas inquietudes nos llevan a una reformulación de nuestra propia formación-información, esa que, en cierto modo,  moldea nuestra manera de percibir y de actuar en la vida.

            Parece que, entre los primeros desafíos en este ‘irse haciendo’, hay que des-construir la tan afianzada idea de Ortega y Gasset sobre el “yo soy yo y mi circunstancia”.  Esto así, porque nuestra experiencia vital no se reduce a la realidad particular y muchos menos la circunstancia de cada persona existe de manera aislada.  En tal sentido, el reto de re-definir lo que hemos aprendido como clave única y válida de interpretación de la vida, implica una nueva manera de educción, una nueva apreciación y acercamiento a realidades conocidas y por conocer, pero con ‘lentes’ diferentes de apertura a posibilidades infinitas.  Sí, éste, sin caer en recetarios ni absolutismos, pues no creemos en caminos únicos, parecería ser un momento desafiante ante cualquier situación con esperanza de cambio.

            Una nueva apertura y acercamiento a lo cotidiano (nuevo aprendizaje) nos puede conducir a descubrimientos de implicaciones únicas, tanto particulares como colectivas.  Es en el contexto de sentirse y saberse en relación donde dichos descubrimientos pueden llevarnos a una mejor comprensión de nuestra propia existencia y de su vinculación con el cosmos, no ya desde una visión de dominación, sino en una nueva relación en la que nos sentimos parte de, acompañados y acompañadas; en fin, como seres con sentido de pertenencia, de respeto y dignidad ante todo lo que representa la vida.

            Si nuestro caminar, de constante retos y oportunidades y orientado desde una nueva manera de ver el mundo nos conduce a descubrimientos esenciales, entonces podría decirse que hay una invitación muy concreta en dichos descubrimientos para la transformación.  Una transformación que va más allá de los modelos conceptuales, sociales y políticos en las que hemos sido formadas y formados.  Esta transformación ha de concebirse como movimiento en expansión y de complejidad, pues, la misma integra en sí todo nuestro sentir, actuar y todas las relaciones, conscientes  o no, en las que de alguna manera nos vemos involucrados e involucradas.

            Transformase en este sentido es revolucionarse intencionalmente.  Esto es, con apertura a todo aquello que pudiere demandar cambios de mayor envergadura, con la mirada puesta en cómo afinar la sensibilidad ante lo ajeno y lo propio, pero sobre todo con la voluntad de trabajar para todo aquello que representa el aprendizaje, respeto y desarrollo de calidad de la experiencia humana como parte integral de la vida. Lo que en otras palabras, nos lleva a asumir el significado ético, socio-político, ambiental, espiritual y de constate cambio, entre otros, que dicha trasformación requiere.

            La vida, concebida como ‘espacio’ de desafíos, descubrimientos y transformación, se re-crea permitiendo nuevas construcciones sociales y nuevos caminos de crecimiento personal hacia la integridad.

miércoles, noviembre 14, 2012

La consciencia de hacerse y saberse pueblo.

La consciencia de hacerse y saberse pueblo.
El sentido historórico-existencial de las personas como parte esencial de la construcción de la sociedad se ve mermado por la carencia de compromiso para responder a los retos que hoy afrontamos.  Es triste y doloroso ver como aceptamos, sin reflexión o acción alguna, los vejámenes de administraciones públicas y privadas que atentan contra la dignidad de la gente, sin que exista un intento serio de cambio o reacción.  Así, por ejemplo, nos topamos con 'servidores' públicos que no sólo dicen representar y velar por los intereses del pueblo, pero cuyo salario depende directamente de los dineros que el pueblo genera.

Hago esta reflexión en el contexto de saber que mientras muchos maestros y maestras en la República Dominicana ganan alrededor de 10 mil pesos, pero la Ministra de educación decide aumentarse el salario de 187 mil a 300 mil pesos.  En qué carajo estaba pensando esa señora?

Asímismo, pienso en el pueblo haitiano y en el gran desorden organizado al que ha sido sometido por tantos años.  Para muestra, habría que indagar por qué en Haití no se ha podido hacer un inventario catastral que facilite una sincera reforma agraria en favor de sus ciudadanas y ciudadanos?  O exigirle a las autoridades de Jamaica mayor información sobre sus negocios con China en torno a las tierras para producción de caña.  Bueno, los negocios  'no claros' con China pueden sobrepasar nuestro imaginario.

En fin, estos son solo unos pequeños ejemplos de lo que pasa y ha pasado en el Caribe, sabiendo que esta situación no es ajena al resto de América y del mundo.  Auque debo admitir que hay modelos a seguir.  Un ejemplo concreto lo constituye la práctica del presidente Mujica (Uruguay) quien dona el 90 por ciento de su salario como servidor público a instituciones de bien social. Cuanto nos queda por aprender!

Quiero cerrar esta corta reflexión con una nota muy positiva.  El pasado domingo 11 de noviembre los y las jóvenes de Rep. Dominicana dieron un signo de civilidad, pero sobre todo de que algo nuevo está naciendo y que puede sacudirnos y hacernos sentir y ser más pueblo cada día.

Hasta luego,

sábado, noviembre 03, 2012

De proyectos ideales y procesos inconclusos

Puesta de Sol desde la casa en Monteverde, Costa Rica
Hace unas semanas celebrábamos en centroamérica la conmemoración de la independecia.  A raíz de las fiestas cívicas me puse a reflexionar sobre cuán importante es para los ciudadanos y ciudadanas hacer conciencia de lo que realmente significa ser patriota.  Y es que por muchos años, nos hemos avocado en promover rituales cargados de significados vacios, sin sentido, que han terminado apoderándose del significado mismo de la patria o de su amor por ella.
La patria, tan defendida inútilmente en canciones e himnos que no mojan la realidad de la gente que los canta, se ve atrofiada por nuestras acciones cotidianas, esas que sí representan lo que somos y creemos como individuos y como sociedad.  El comercio se hace pan nuestro de cada día cuando lo que importa no es vivir los grandes valores de libertad que motivaron nuestros movimientos independentistas, sino la cantidad de banderas y otros objetos que son vendidos alrededor de las efemérides patrias.
El sentido cívico asociado al patriotismo se nos ha ido al suelo.  De aquí a que no sea extraño observar (como me decía un amigo) gente que llevan muy bien sus banderas, pero se pasan el semáforo en rojo; personas que dicen amar su patria pero se les olvida que el suelo patrio no es distinto al que ellos contaminan tirarando basura en la calle.  Seguro que usted también se preguntará que tipo de patriotismo es el que profesa el representante político o servidor público que se lucra a costa del pueblo y de los bienes del Estado.  No creo que sea necesario mencionar nombres aquí ya que los ejemplos nos sobran.
La patria siempre será un proyecto ideal, pues, siempre habrá espacio para mejorar lo que somos.  Ahora bien, el aceptar la patria como proyecto ideal de procesos inconclusos no debe ser la excusa para mantenernos en este estado letárgico que nos impide abrazar cambios sociales significativos.  Debemos despertar e involucrarnos en salvar la patria, pero con un real compromiso y significado de patriotismo; éste como práctica de la justicia, el trabajo, la libertad, la paz y el diálogo como algunos de sus elementos esenciales.  Es así, como entiendo, debemos hacer patria.

martes, octubre 02, 2012

El arte de educar (3): educación y sociedad.-


La escuela como agente de acción social tiene unas responsabilidad inalienables que podrían resumirse en salvaguardar, potenciar y promover la realización de cada una de las personas participante del proceso de enseñanza-aprendizaje.  Cuando la escuela pierde su capacidad de responder a las necesidades individuales, se convierte en un centro selectivo que propicia la formación homogénea de las y los individuos, sin contemplar la riqueza que trae consigo un ambiente diverso y plural, no sólo en como se hacen las cosas, sino en como se comprende la realidad y en como se ponen en práctica los valores esenciales que hacen posible el crecimiento y la convivencia.

Si pensamos y afirmamos que el rol de la escuela -la educación formal- es importante en la transformación social, entonces como padres, madres, maestros, administradores y estudiantes debemos preguntarnos que tipo de sociedad es la que buscamos construir.  Es cierto que el modelo educativo actual nos ha servido para facilitar un proceso de alfabetización masivo y que hay otros logros alcanzados por dicho modelo.  Ahora bien, los males sociales, dígase corrupción, injusticia, violencia, carencia de respeto por la vida y lo que ella implica, entre muchos otros, son signos de que asistimos a un modelo educativo fracasado y, por lo tanto, que implica de renovaciones profundas para que escuela sea un agente de cambio valioso y responsable.

Ya nos lo advertía Paulo Freire cuando afirmaba que "estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas" y yo pienso que la escuela es y debe ser un espacio natural para éste proceso.  Lo que nos ha pasado es que, en muchas ocasiones, hemos perdido mucho tiempo en hacer de la escuela un mercado de clasificaciones y evaluaciones y hemos dejado de lado la oportunidad de fomentar y motivar en nuestr@s estudiantes el deseo y la capacidad de aprender.

La sociedad actual necesita con urgencia un modelo educativo capaz de r-evolucionar hacia un modelo que que incentiva la identificación de las habilidades y dones naturales que tienen l@s niñ@s y que a partir de su potenciación construye un proyecto común (sociedad) en donde cada cual puede ser realizado como persona y como miembro de la colectividad.  Sí, en este sentido, la esuela tienen que se un entorno para aprender a amar, para el bien; solo así podremos construir una mejor sociedad.

Sé que puedes estár pensando en el caracter utópico de mis planteamientos.  Sin embargo, creo que todo esto es posible.  Si la escuela ha de ser un agente social, maestr@s y alumn@s debemos asumir un nueva relación en donde, por ejemplo, la autoridad no viene dada por mi titulo como maestro o como el adulto en el grupo, sino más bien como producto del respeto que el/la docente expresa a sus estudiantes.  No estoy diciendo que esto sea fácil, pero sí es algo que es posible y que vale la pena.  Cunado niñ@s son respectados y se sienten valoradas por quienes son por parte de su maestr@, se da un fuerte respeto del / la estudiante hacia el/la docente que es muy díficil quebrantar.  Cuantos sinsabores nos ahorraríamos si nuestro modelo prestara más atención a los afectos, a nuestros vínculos como seres que comparten un mismo entorno e ideal?  Estoy seguro que tendríamos una sociedad muy distinta a la que hoy tenemos.  Hay que seguir trabajando para que la escuela pueda abrirnos a nuevos y mejores horizontes sociales.

*Foto: Afiche creado por un grupo de madres y padres de la Escuela de los Amigos de Monteverde, Costa Rica, al reflexionar sobre su propia realidad en cuanto a su organización y participación en la escuela.




domingo, septiembre 09, 2012

El arte de educar

El Arte de educar (2)

El rol de l@s docentes y su vocación política.  En mi caminar por América, en más de una ocasión he constatado maestr@s sin una clara visión de su rol como agentes de cambio.  Más específicamente, he palpado la ausencia del compromiso político (ojo, no me refiero necesariamente a militarismo partidario) que tod@ maestr@ debe asumir en su tarea como educador(a).

Si la educación ha de transformar las relaciones sociales, entonces los y las maestr@s debemos asumir el reto de hacer de nuestra práctica docente un ejercicio de liberación, donde niñas y niños se sientan aceptados desde su propia realidad y desde dicha realidad poder acompañarles en su propio proceso de cambio.  La práctica pedagógica así concebida implica un abordaje abierto de los temas que permean nuestro mundo, sean estos de ámbito individuales, locales, regionales o mundiales.  En tal sentido, educar es propiciar un diálogo profundo sobre los temas que interesan a la comunidad educativa.

Ahora bien, para que el/la docente pueda participar con entereza de dicho diálogo tiene que conocer necesariamente el ambiente en que viven sus educandos.  No se transforma lo que no se conoce, éste es un viejo principio muy propio de la tarea pedagógica.  Si como docentes queremos acompañar a nuestr@s estudiantes en su propio proceso de desarrollo, entonces debemos avocarnos en conocer y comprender el ambiente en que ell@s se desenvuelven más allá de la escuela.  O lo que bien podríamos resumir diciendo que el arte de educar está intrinsicamente ligado con la intención política de acompañarse a sí mismo y  a la otra persona con miras a descubrir los elementos significativos de transformacion social y de crecimiento personal y colectivo.  En fin, la tarea educativa no puede distanciarse del amor como meta última y de la comprensión, tolerancia, solidaridad y justicia social como partes esenciales del proceso para alcanzar dicha meta.

Eduacar se hace preciso y la transformación de l@s docentes en dicho proceso tiene que ser constante.  Siempre hay espacio para mejorar nuestras posiciones particulares en torno a temas algidos y no tan algidos de nuestra vida cotidiana; siempre hay que estar disponible a asumir la tarea de revisar, re-evaluar y cambiar las perspectivas asumidas.  Esto es imprescindible para mantener la coherencia del oficio y arte de educar.  El/la docente que no dedica tiempo a re-pensar y asumir con integridad su papel político en su práctica pedagógica, no sólo está mal acompañando a sus educand@s, sino que tiene muy poco que aportar a la transformación social que el mundo require.

sábado, septiembre 08, 2012

El arte de educar
La escuela a la que hemos asistido por años y de la cual somos producto, tiene una estrecha relación con el tipo de sociedad en que vivimos.  No se puede pretender que el fenómeno pedagógico, concebido en nuestro tiempo, en la mayoría de los casos, como una práctica de amoldamiento social, lejana a los valores que busca promover y, sobre todo, de carácter no participativo (cada vez más las familias usan la escuela como centro de cuidado de sus hij@s) y sin respeto ni potencialización de las individualidades, pueda generar una persona capaz de transformar la sociedad de manera auténtica.  Para que la escuela recupere su rol de formar individuos con integridad, cuyo compromiso con su entorno sobrepase las potenciales ganancias individuales y se vean revalorizados los espacios colectivos y las relaciones, tanto consigo mism@ como con los demás, tiene que existir un proceso de cambio intencional y orientado a hacer de la escuela ese territorio de descubrimientos donde niñ@s y docentes caminan acompañándose mutuamente.  Claro está, esto implica un cambio de paradigma en en el rol no solo del sistema educativo, de l@s docentes, de la participación familiar, sino también en el tipo de sociedad que buscamos construir.

La educación pensada desde una perspectiva liberadora no puede contenerse en las cuatro paredes del aula, no está supeditada al uso de textos ni a curricula o metodologías impuestos desde un sistema piramidal y que responde a intereses socio-económicos y de poder que no facilitan la r-evolución constante en la que debemos estar inmers@s.   La escuela y la tarea pedagógica se debe a unos contextos específicos que precisan transformación; y es desde estos contextos donde educar es permitirse ser compañer@ de camino, donde se exploran las potencialidades individuales en un ambiente de respeto y solidaridad, donde se busca promover la diversidad y donde la reflexión, tanto individual como colectiva, nos lleva a descubrir las mejores ideas posibles.

La escuela como espacio de crecimiento hay que recuperarla.  No son suficientes las llamadas reformas educativas que se reducen a una revisión de la curricula o a los cambios constantes libros de textos que son tan frecuentes en muchos de nuestros países.  Si vamos a rescatar la escuela tenemos que asumir el reto de trabajar en conjunto, de abrirnos a nuevas ideas, de colaborar con todos nuesttros recursos (incluido el económico) para hacer del cambio un hecho posible.

La tarea de educar es un arte y en esto tod@s podemos expresarnos con creatividad, aportando lo mejor de si en pos de una sociedad más justa, libre, solidaria, democrática y respetuosa.

Para animar y continuar la reflexión, les dejo con la película documental "la escuela prohibida".  Creo que ésta abarca muchos de los temas de los que quiero compartirles.

Hasta la próxima,

 Chico

 

domingo, agosto 26, 2012

Desde la montaña

Desde la montaña

A veces, el silencio tiene ese elemento mágico de hacernos pensar sobre lo que somos sin más preámbulo que un pensamiento, palabra o percepción.  En estos días, he podido disfrutar de dicha magia, quizás por la facilidad que la montaña y su ambiente me facilita.  Así, que me he dedicado a pensar un rato sobre esa invitación que tod@s tenemos a ser mejores, o como diría Leo Buscaglia "a ser persona".  Si, creo que esto de que un@ no nace cuando sale de su madre, sino cuando se toma conciencia de lo que se es y se busca es una verdad suprema.  Ese es el auténtico nacimiento y a much@s nos ha tocado experimentar ese momento crucial de formas y en tiempos muy diferenciados.  A mi particularmente me ha sido de gran utilidad la presencia de personas clave, así como de oportunidades muy puntuales para crecer personalmente.  La lista es grande y es ahora cuando más estoy consciente de no dejar pasar ningún momento para expresar esa vocación que tod@as compartimos de ser mejores personas cada día, a cada instante y en cada relación.  Ojo, no es que no yo lleve un chaleco blindado ante lo que me disminuye como ser humano.  Han sido muchos mis errores y serán muchas las lecciones que aún me tocará aprender.  Mi punto es que, no importa cuando daño nos hayamos hecho o hayamos inflingido, siempre existe una oportunidad para crecer, ser mejores y, en cierta manera, redimirse a si mism@, pero sobre todo, que no tenemos excusas para caminar por la senda de crecer como invividuos y como colectividad.  En tal sentido, quiero compartir la siguiente historia, no me tocó vivirla a mí, pero creo que en ella se refleja gran parte de la solidaridad que vivo.

Chiyo era un niño que prácticamente perdió a toda su familia durante la guerra en El Salvador.  A sus nueve años había perdido a dos de sus hermanos que participaban en una marcha pacífica en San Salvador, su madre y hermana fueron vílmente asesinadas en su propia casa por los militares, otros dos de sus hermanos murieron en combate, en fin, solo quedaron dos hermanas más pequeña y su hermano mayor, al que llamaban Pajarillo, quienes se fueron siguiendo a su comunidad campesina para encontrar protección en las filas del FMLN.  Bueno, se cuenta que Chiyo era un niño muy alegre, capaz de hacer reir a cualquiera y que llevaba una relación de amistad muy fuerte con su hermano.  Chiyo y el Pajarillo fueron creciendo a lo interno de la las filas del FMLN; Pajarillo llegó a ser jefe de una unidad guerrillera y Chiyo se sumo al equipo de Radio Venceremos (radio de las fuerzas revolucionarias).  Bueno, en el 87, Pajarillo cayó en combate la noche antes de que Chiyo y los del equipo de la Venceremos fuera a visitar el lugar donde estaba la unidad lidereada por Pajarillo.  Para Chiyo fue una noticia aterradora saber que su hermano y mejor amigo había muerto.  Su alegría se apagó y sus compañeros de la Venceremos no sabían como animarle o consolarle.  De repente, se acerco otro niño de las fuerzas revolucionaria, se quedó mirando a Chiyo por un rato y le dijo: "No te ahuevés, Chiyo.  Yo también soy tu hermano".*

Sí, este si que fue un nacimiento donde la solidaridad de saberse compañer@ y la que nos acerca a lo que debemos ser, personas, se muestra a flor de piel y sin tapujos.  Sé que hay miles de elementos que resaltar de esa invitación que tod@s llevamos con nosotr@s, pero hoy quiero limitarme a lo aquí presentado .

Hasta la próxima!

Franja
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*Historia extraida del libro "Las Mil y Una Historias de Radio Venceremos" por José Ignacio López Vigil, UCA Editores, San Salvador, 2010 (15a. reimpresión): p. 437-440

domingo, agosto 19, 2012

Intro

Bienvenid@s a Franjeando!
Desde hace algún tiempo tenía en proyecto comezar este blog.  Bueno, ya no hay excusas, las primeras líneas han sido escritas y habrá que continuar.  Así que asumo el reto de compartir con ustedes mis reflexiones, esperando que éste sea un espacio de diálogo que nos permita acercanos más.

Como de seguro sabrán, desde finales de junio mi familia y yo nos hemos mudado desde Washington, DC a Monteverde, Costa Rica.  Sí, el cambio es radical.  Pero nos sentimos contentos de poder estar en América Latina y ofrecer a nuestras hijas esa gran oportunidad de saberse internacionalistas.  Esta si que es una gran tarea!

Monteverde es muy diferente a DC.  Comencemos por decir que aquí no cae nieve, pero la lluvia es algo a lo que hay que acostumbrarse, pues, cae diariamente.  En Monteverde se camina a todos lados y no hay que ir a un zoo para encontrarte con animales silvestre.  De hecho, en el patio de la casa tenemos una familia de armadillos.  Las tormentas eléctricas son un espectáculos, lo único que hay que tener presente que te pueden 'joder' los aparatos, así que nos estamos acostumbrando a correr para desconectar todo. 

En estos días he estado pensando mucho sobre la evolución.  Quizás esto tenga que ver con la gran diversidad de insectos y vichos raros que he visto en el patio, adentro y afuera de la casa.  Que maravilla!  Creo que es una fascinación poder explorar con las niñas todo esta gran biodiversidad sin perder la perspectiva de que somos parte de ella; y sin querer darles envidia, la foto de arriba es solo una de las atracciones naturales que tenemos en el vecindario.  Ya les compartiré otras cosas.

Bueno, esta es la primera entrada en este espacio.  No quiero cansarlos, pues, ya tendremos la oportunidad de compartir otros temas, intereses e inquietudes.

Hasta pronto ;-)